lunes, 17 de abril de 2017

Acogimiento familiar: una excelente y compleja medida de protección.

Juan Alonso Casalilla Galán 






Recientemente estamos asistiendo a una potente promoción del acogimiento familiar por parte de las entidades públicas. Esta promoción, que responde a una necesidad real de la infancia protegida, no está siendo acompañada en muchas ocasiones de una adecuada concienciación  de la complejidad que supone acoger. 

Las excelencias del acogimiento están sobradamente representadas en la literatura científica, están sobradamente constatadas en la práctica y están refrendadas por la actual legislación. No obstante estas excelencias nacen de las mismas fuentes que nacen sus complejidades, y esta entrada pretende apuntar algunas de ellas. 

La excelencia nace de que proporcionamos al menor una familia donde desarrollarse, su complejidad estriba en que pertenece también a la familia de la que fue separado. 

Muy esquemáticamente esta circunstancia lleva a que  acoger suponga para las familias acogedoras  los siguientes retos:

ü        Asumir temporalidad de la estancia del niño.
ü        Limitaciones en cuanto a las decisiones que pueden  tomar sobre  él.
ü        El mantenimiento más o menos estrecho del contacto con la familia de origen.   

El primer reto es una dificultad prevista y asumida en algunas modalidades del Acogimiento Familiar (urgencia, temporal). El segundo reto puede ser asumido con un adecuado encuadre, información y formación, sin embargo el tercero es uno de los más complejos y donde la formación, la información y el seguimiento pueden revelarse como impotentes.

El tercer reto supone el cuidado adecuado, el mantenimiento de la “distancia” adecuada con la familia de origen del menor y quizás sea la tarea más difícil de gestionar. Exige a los acogedores aceptar plenamente que el niño pertenece a dos núcleos familiares, entre los cuales en muchas ocasiones surgen sentimientos encontrados.

Esta doble pertenencia, esta doble fidelidad supone un verdadero escollo para las familias acogedoras, ya que resulta difícil entender para ellas, como contextos en los que la vida de los niños implicaba desatención, puede ser sentido y “pensado” por los niños como los más apreciados y propios.

Debe tenerse en cuenta que el sentimiento de pertenencia en los niños, inicialmente y de forma natural, es el que los une a la familia y entorno de origen, sea cual sea las circunstancias en las que se encuentren. La pertenencia a la familia de acogida, se construirá después y su éxito dependerá de la capacidad de los acogedores para mostrar comprensión de las características del entorno de origen, permitiéndole, al niño, la posibilidad de pertenecer a ambos ámbitos.

Si el niño siente comprensión en sus esfuerzos por conservar lo que lo identifica y lo define como persona, al mismo tiempo que se adapta a su nueva y compleja realidad, la doble pertenencia es posible.

Así el acogimiento en cualquiera de sus modalidades exige de las familias una entrega, una generosidad y unas aptitudes especiales, pues supone incorporar realmente, de alguna manera, a la familia de origen del menor en sus vidas y acompañar a éste en la elaboración de su historia en presencia de la misma.

Por lo tanto el Acogimiento Familiar es una tarea maravillosa, pero con retos proporcionales a sus beneficios.
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