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viernes, 8 de junio de 2012

MONOGRÁFICO


“Adolescentes, vulnerabilidad y educación”.

RASE, Rev. de la Asociación de Sociología de la Educación.

Vol. 5, nº 2, 2012.





CONTENIDO
Influencia de los modelos publicitarios en la adolescencia: anorexia y vigorexia. Y. Cabrera García y C. Fanjul.


Jóvenes y efecto barrio. Un estudio comparativo en la periferia de Barcelona y Milán. A.B. Canon Hila.


Transiciones tempranas al mercado laboral. Los contratos de formación y aprendizaje, ¿oportunidad o trampa para los jóvenes? M.J. Chisvert y F. Marhenda.


La compensación educativa como estrategia de inclusión social en el acceso a la educación. P.J. Coronado y A. Morales.


Entre las ausencias y las rupturas escolares. Condicionantes de las intervenciones frente al absentismo y sus efectos sobre las dinámicas de aulas y centros. M. del Río.


Intervención con adolescentes: Una propuesta para fomentar el desarrollo socioemocional e inhibir la conducta violenta. M. Garaigordobil.


Nuestros, vuestros y suyos. Perfil de los Adolescentes en Conflicto con la Ley en Burjassot. M. García Muñoz y C. Romero Plaza.


Visiones de la infancia y la adolescencia: para una concepción alternativa. Notas para la educación. F. Morente.


“Del no me acuerdo, al no olvido” Una nueva reinterpretación de la victimización de las jóvenes institucionalizadas en centros de Reforma en Andalucía. R. Pozo Gordaliza y G. Cifre de Colonya. 


La cultura del respeto: violencia, procesos identitarios y rol de género. B. Scandroglio y otros


La inserción sociolaboral de los jóvenes bajo medida judicial. C. Nieto.


Espacios y tiempos para el ocio integrado como herramienta de promoción educativa con adolescentes en conflicto con la ley. F. X. Uceda y Maza, J.J. Navarro Pérez, C. Montón Sánchez y J.V. Pérez Cosin.

jueves, 10 de marzo de 2011

Avance CONVOCATORIA

I JORNADAS TÉCNICAS DE TRABAJO SOCIAL EN JUSTICIA E INSTITUCIONES PENITENCIARIAS
30 de Septiembre y 1 de Octubre, Zaragoza,  2011

Avance de  PROGRAMA
 30 de Septiembre
9:00 Recepción de participantes, acreditación y recogida de material.
9:30 Presentación y acto de inauguración.

10:00 PRESENTACIÓN EJE A: LAS PERICIALES EN JUZGADOS DE FAMILIA.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “Las periciales en los juzgados de familia” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: divorcio- separación y modificación de medidas, valoración de los casos de protección de menores, valoración de idoneidad para la adopción, mediación familiar, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este eje.

10:10 MESA REDONDA: 3 comunicaciones

11:10 DEBATE PLENARIO
11:45 Pausa – Café

12:15 PRESENTACIÓN EJE B: TRABAJO SOCIAL Y VIOLENCIA DE GÉNERO.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “Trabajo social y violencia de género” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: periciales especificas en violencia de género, actuación del Trabajador Social desde el ámbito judicial de la violencia de género, la valoración Integral de la violencia de género, valoración del riesgo, medidas, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este eje.

12:25 MESA REDONDA: 3 comunicaciones

13:25 DEBATE PLENARIO.
14,00 Finalización sesión de mañana.

16:00 PRESENTACIÓN EJE C: LAS PERICIALES EN EL ÁMBITO PENAL.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “Las periciales en el ámbito penal” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: valoración de malos tratos intrafamiliares, de la imputabilidad, de abusos sexuales a menores, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este eje.

16:10 MESA REDONDA: 3 comunicaciones

17: 10 DEBATE PLENARIO.
17: 45 Pausa

18:15 PRESENTACIÓN EJE D: LAS INCAPACIDADES.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “Las incapacidades” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: Intervención de los Trabajadores Sociales en el internamiento urgente, el informe social sobre Incapacidades y la elección del tutor, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este eje.

18:25 MESA REDONDA: 3 comunicaciones

19: 25 DEBATE PLENARIO
20: 30 Finalización sesión de Tarde

1 de Octubre
9:30 PRESENTACIÓN EJE E: TRABAJO SOCIAL EN EL ÁMBITO PENAL DEL MENOR.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “Trabajo social en el ámbito penal del menor” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas para ser publicadas o presentadas en panel. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: periciales sociales, trabajo interdisciplinar, mediación y reparación extrajudicial, seguimiento de medidas, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este Eje.

9:40 MESA REDONDA: 3 Comunicaciones

10:40 DEBATE PLENARIO
11:15 Pausa- Café

11:45 PRESENTACIÓN EJE F: EL DICTAMEN PERICIAL SOCIAL DESDE EL EJERCICIO LIBRE PROFESIONAL.
DESCRIPTOR: La presentación del eje “El dictamen pericial social desde el ejercicio libre profesional” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: el dictamen de peritos según la ley 1/2000, de 7 de enero de enjuiciamiento civil, el protocolo de actuación del servicio común procesal para la asignación de peritos judiciales (novedades legislativas noviembre 2010), las normas orientadoras sobre el ejercicio libre: aspectos éticos de la práctica pericial, experiencias prácticas, los colegios profesionales y su actuación en esta materia.

11:55 MESA REDONDA: 3 Comunicaciones

12:55 DEBATE PLENARIO
13:30 Finalización sesión de mañana.

16:00 PRESENTACIÓN EJE G: TRABAJO SOCIAL EN INSTITUCIONES PENITENCIARIAS.
DESCRIPTOR: La presentación del Eje “Trabajo social en instituciones penitenciarias” pretende introducir las comunicaciones que se presentan a este eje no solo de las de la mesa redonda sino también de las presentadas como libres para ser publicadas. Los posibles temas a trabajar desde este ámbito aluden a: medio cerrado: intervención en el tratamiento penitenciario del Trabajador Social, Módulos de respeto; Medio abierto: centros de inserción social, penas, alternativas a prisión, técnicas e instrumentos, así como informes sociales que se elaboran en este eje.

16:10 MESA REDONDA SOBRE MEDIO CERRADO: 3 comunicaciones

17:10 MESA REDONDA SOBRE MEDIO ABIERTO: 3 comunicaciones
18: 10 Pausa

18: 40 DEBATE PLENARIO

19: 15 CONCLUSIONES.
19: 30 Acto de clausura (y entrega de diplomas)

viernes, 12 de junio de 2009

MESA REDONDA : CREANDO REDES. Padres e hijos. Patricia Crespán Monreal




MESA REDONDA
Creando redes

Padres e hijos.
Patricia Crespán Monreal.
Psicóloga.
Programa de Terapia familiar y grupal (ADCARA
)

Programa de terapia familiar.
Presentación y componentes del programa:
Desarrollo y promoción de las personas en el ámbito social en todo el territorio de Aragón, a través de servicios y programas.
Los servicios de Terapia Familiar y Grupal.
Forma de acceso:
Familias derivadas por la subdirección de protección a la infancia y la tutela.
Familias derivadas por reforma.
Nuestros principios:
Confidencialidad: Aplicamos un riguroso método para preservar la confidencialidad de nuestros usuarios.
Trabajo en equipo: mantenemos reuniones periódicas donde se analizan los casos.
Coterapia: cada familia dispones de dos terapeutas que trabajaran conjuntamente en el caso.
Método: utilizamos metodología y técnica al servicio de una mejor y rigurosa atención.
Coordinación: trabajamos siempre en una estrecha coordinación con los servicios derivantes.
El equipo:
Una coordinadora y terapeuta.
Cuatro terapeutas familiares.
Para quien:
Familias con graves dificultades relaciónales.
Familias con hijos adoptados.
Método:
Derivación.
Sesiones evaluativos.
Elaboración del proceso terapéutico.
Coordinación.
Finalización y diseño de seguimiento.
Tener siempre presente:
El momento evolutivo por el que atraviesa una familia propicia el cambio capaz de generar la crisis.
Realidad con que trabajamos:
Separaciones y divorcios.
Parejas homosexuales.
Acogimientos de menores.
Familias reconstituidas.
Adopciones.
Interculturalidad.
Familias monoparentales.
Familias de emigrantes.
Más realidad:
Violencia de género.
Violencia en la familia.
Maltrato de adolescentes a sus padres.
Sondarme de alienación parental.
Fugas del domicilio.
Atraco.
Problemáticas en el instituto.
Robos.
Falsas denuncias
Absentismo.
Duelos.
Parece un caos…
Pero solo es…CAMBIO.
Recordar siempre que lo evolutivo siempre es transitorio. No se debe perdonar y dejar hacer todo, hay que saber acompañar al adolescente mientras vive sus experiencias.
Recordar que el hijo adolescente está mal por que hay otras cosas que están mal y que todo origen de ”ese mal” no está exclusivamente en él.
Una actitud importante de cara a la familia. Comenzar a despsicopatologizar muchos de los síntomas que vienen revestidos de excesiva carga negativa.
Recurrir a la redefinición del síntoma en términos evolutivos para poder seguir avanzando.
Dicha redefinición hay que hacerla descartando con objetividad y rigor el carácter patológico que nos presentan.
Tareas terapéuticas:
Poner en juego los recursos o facetas de cada integrante par luego utilizarlos con el fin de estimular nuevos patrones de interacción.
Este proceso es circular y recursivo, el terapeuta estimula nuevas conductas de cada integrante en presencia del otro y estos al obsérvales tienen la oportunidad de reaccionar de modo distintos al habitual.
Ya desde la derivación al programa el problema se redefine en familiar.
El derivante tiene la tarea de redefinir el síntoma y ofrecer el contexto de la terapia para “aprender a ser padres”
Relación terapéutica:
Es un elemento fundamental en el éxito o fracaso de la terapia.
Son el recurso más importante para ayudar a una persona.
Las relaciones que establecemos con nuestros clientes tienen es un valor decisivo.
Las relaciones naturales existentes en la vida de la persona tienen por si mismas un gran potencial curativo.
La relación es un medio, no un fin en sí, cuyo propósito es permitir que a través de la participación en terapia sena vividas como promotoras de crecimiento.
El “arco” de la terapia; aceptación mutua, responsabilidad, curiosidad y opinión sincera.
Intervención general con adolescentes:
Empezar por lo simple.
Focalizar el problema.
Sacar partido de los puntos fuertes.
Redefinición.
Contención.
Recordar el por qué se produce el cambio.
Romper con el doble vínculo, “tratar al adolescente como un niño y exigirle como a un adulto”.
“el drama del adolescente no solo reside en él sino en parte de su entorno”. Aceptar el compás de lo que supone su ciclo vital.
Respetar la intimidad del hijo.
Directrices para trastornos de la enmacipación, delincuencia, desde el enfoque estratégico.
Existencia de incongruencia organizativa y comunicacional en la familia.
Cometido del terapeuta:
  • Desplazar al hijo de las colaciones intergeneracionales inadecuadas.
  • Reestructurar la organización familiar.
Para ello, se enfatiza la autoridad y jerarquía familiar. Fundamental la coordinación con el derivante del caso, puesto que el trabajo es paralelo desde la medida judicial pero tienen el mismo fin.
Los padres deben necesitar la autoridad, que desde terapia y el coordinador del caso les respalda.
El adolescente comienza a tener su propia responsabilidad en las acciones que comete.
Objetivos:
  • Romper el ciclo, para que el adolescente abandone su conducta sintomática.
Con la denuncia en fiscalía ya se consigue este objetivo. Es una ruptura de la tónica habitual que presentaba la familia.
  • Establecer reglas que regulen su conducta.
Con la aplicación de la medida y los compromisos que adquiere con su educador se alcanza este objetivo, además desde el espacio de terapia se trabaja para que los padres ejerzan esta función.
  • Con la familia se trabaja una estructura que facilite los nuevos cambios.
Estos cambios deben continuar con las medidas de trabajo presentadas en la medida judicial del menor.
Coordinación con su educador y con los demás agentes externos implicado con la familia.(institutos, familia extensa, agentes de salud mental…) para observar los logros conseguidos fuera del ámbito familiar.
  • Los padres tienen que colaborar en la terapia, para el ahora y el futuro de la familia.
  • Trabajar con objetivos a corto plazo tangibles en el tiempo.
Los padres deben hablar de las consecuencias negativas y positivas si no se hace lo indicado. Por ello, la coordinación de los logros con el educador debe ser fluida y continua.
· Eliminar mitos familiares, identificar las fidelidades
y culpabilidades.
Cometidos de la terapia sistémica con el adolescente:
Consolidar la identidad personal.
Fomentar la autonomía.
Respetar la individuación.
Respaldar la independencia.
Permitir la expresividad afectiva.
Equilibrar la libertad.
Potenciar la interacción y comunicación entre padres –hijos.
“sé fiel a ti mismo y ayuda a tus padres para que te ayuden a ser coherentes contigo mismo”.


MESA REDONDA : CREANDO REDES. Promoción de la salud en adolescentes conflictivos. Alberto Casamayor Suñén




MESA REDONDA
Creando redes

Promoción de la salud en adolescentes conflictivos.
Alberto Casamayor Suñén
Psicólogo.
Centro Municipal de Promoción de la Salud, Ayuntamiento de Zaragoza.




Referirnos a la “Promoción de la Salud” es hacerlo a un modo de entender y de hacer respecto a la salud y la enfermedad que desborda los ámbitos de explicación, acción y responsabilidad tradicionalmente asociados a lo sanitario:
· Trascendiendo la significación individual y somática de la salud y la enfermedad para contextuarla en los modos de vida, en las condiciones de vida y en sus determinantes sociales, políticos, económicos, culturales...
· Desplazando el foco de la preocupación y la acción sanitaria de los efectos a las causas, del individuo a la comunidad, y de la atención secundaria y terciaria a la primaria (prevención y promoción propiamente dicha).
· Remarcando las implicaciones para la salud de sectores, políticas y ámbitos de decisión diversos no específicamente sanitarios e involucrando a la comunidad en las responsabilidades y acciones relacionadas con la promoción de formas de vida más saludables.
Relacionar la Promoción de la Salud con los menores infractores implica, por tanto, una invitación a reflexionar sobre:
· La historia ambiental y significación social de las conductas problemáticas de los y las menores que desarrollan “carreras” transgresoras, los hitos y las dinámicas que caracterizan sus itinerarios , y los determinantes de diferente naturaleza asociados al curso de los mismos.
· Las acciones y medidas más eficaces, eficientes y justas para la corrección, compensación o minimización de las condiciones y factores que se relacionan con la aparición y mantenimiento de este tipo de conductas.
· Las agencias, instituciones y políticas implicadas por estas acciones y medidas y la responsabilidad global de la comunidad.
· Los valores, actitudes y modelos sociales, culturales y económicos que se relacionan con una mejor o peor atención del compromiso social de proteger a (todos) nuestros menores.
Atribuyo mi participación en esta mesa a mi condición de profesional concernido por el asunto que observamos en estas jornadas, en la medida en que me ha correspondido atender y entender, como psicólogo clínico y psicoterapeuta que desarrolla su trabajo con adolescentes y jóvenes, casos de socialización y/o personalidad problemática, que se hacen visibles a través de la infracción de la ley.
Como tal, y desde la perspectiva a la que me obliga el título de mi intervención, subrayo como comienzo de la misma, mi convencimiento –en el que desde luego no me siento solo- de que un buen número de menores susceptibles de medidas de protección solamente “consiguen” movilizar una respuesta social sistemática en cuanto que infractores, “lográndolo” en un momento de su evolución que condiciona negativamente la eficiencia de los recursos movilizados. Por contraste, sus biografías subjetivas nos remiten, una y otra vez, a la soledad y precariedad con la que han debido afrontar distintos momentos críticos de sus vidas y de su socialización. Tal soledad les ha enseñado a no esperar nada de nadie y a “buscarse la vida” sin contar con los otros, características básicas de las personalidades llamadas antisociales.
Dicho de otro modo, parto de la constatación de que en el curso de estas biografías se suele intervenir, demasiadas veces, demasiado tarde, y que la intervención preventiva (precoz) en los itinerarios de los y las menores “llamados” a convertirse en menores infractores, especialmente en momentos y escenarios críticos, sigue siendo nuestro principal desafío. Concluyo así que las intervenciones de protección encaminadas a preservar a los/las menores de las circunstancias de riesgo que se asocian a los itinerarios de la inadaptación y la confrontación social, son posiblemente el abordaje más eficiente y, desde luego, el más justo de a la problemática que aquí nos convoca.
Soy consciente, por supuesto, de que no descubro nada nuevo, aunque sí creo necesario precisar, en coherencia con lo esbozado en la introducción, que al referirme a medidas de protección no estoy aludiendo solamente a las competencias propias de un Servicio de Protección de Menores, sino a las competencias y responsabilidades transversales de un catálogo de agencias e instituciones diversas implicadas, de forma más o menos directa, en las condiciones de socialización de nuestros/as menores. Cara nos saldría a todos, y especialmente a los/las menores, la aportación de cualquier servicio específico de protección si su existencia justificase la inhibición respecto a esta responsabilidad de todas esas agencias e instituciones y de la comunidad en su conjunto.
No está de más recordar, por mucho que parezca una obviedad, que los/as menores conflictivos/as son, antes que conflictivos, menores, y, como tales, sujetos del derecho a una protección que alude a una responsabilidad colectiva solidaria y no a un recurso específico. El reconocimiento y la aceptación generalizada de esta responsabilidad debería ser la trama sobre la que actitudes, recursos y acciones procedentes de niveles y áreas competenciales diversos, tejiesen redes de protección para estos menores, y subrayo y antepongo aquí las actitudes porque entiendo que son las que, en esencia, constituyen y caracterizan recursos.
Pienso que en nuestro entorno, contamos con retazos de redes que articulan actitudes, recursos y acciones adecuadas, pero escasamente tupidas, con grandes agujeros respecto a su cobertura y continuidad, y sustentadas en gran medida en el voluntarismo. Pese a ello, alcanzan una eficiencia relativa más que considerable, que me lleva a fantasear con las posibilidades de una red más densa y respaldada. Por contra, me parece que hay demasiadas implicaciones excusadas en la existencia de servicios específicos, y, demasiadas actitudes, recursos y acciones que debiendo sincronizarse con las redes de protección conforman, a partir de la negación de la propia implicación y responsabilidad, auténticas contra-redes (redes de exclusión) que confrontan, no pocas veces con éxito, con los esfuerzos específicos dedicados a la protección.
De ahí la necesidad de completar y extender las redes que, en diferentes ámbitos y niveles, resguarden y compensen a los/as menores de los riesgos de “accidentes” evolutivos y condiciones de desarrollo desfavorables, por medio de la consolidación de lo existente, la incorporación de nuevos recursos y la implicación de otros... Pero también la necesidad de identificar y desmantelar esas otras “redes”, más o menos sutiles pero siempre poderosas, que confinan a los y las menores en sus dificultades originales, como si fuesen culpables de ellas, convirtiéndolas en su destino; esclareciendo y explicitando en todo caso, y con esto insisto en uno de los “desafíos” planteados en la introducción, los valores, actitudes y modelos sociales, culturales y económicos que se relacionan con una mejor o peor atención del compromiso social de proteger a todos/as los/las menores.
Lejos, por supuesto, del optimismo “naif” de la primera modernidad, somos, creo, conscientes de las limitaciones de toda acción encaminada a modificar inercias de comportamiento, individual, familiar, institucional o social... incluidas las propias. No fantaseamos, desde luego, a esta altura de la historia, con comunidades utópicas sin conflictos, accidentes ni traumatismos... Sabemos, por otra parte, que las decisiones posiblemente más trascendentales para el asunto que nos ocupa, se discuten en esferas a las que los aquí presentes no tenemos acceso y en las que, probablemente, la protección de los menores no es, me temo, asunto prioritario. Pero entre el “todo se puede conseguir” (característico de euforias “juveniles”) y el “no hay nada que hacer”, (asociado generalmente a la acumulación de trienios) existen muchos ”lugares” intermedios. Me resulta muy difícil aceptar que no podamos hacer nada para incidir sobre la “fatalidad” que caracteriza los itinerarios de menores a cuyas biografías accedemos por su condición de infractores pero a las que deberíamos haber accedido mucho antes por su condición de víctimas.
Quizá carezcamos de una investigación epidemiológica suficiente y es cierto que asistimos durante los últimos años a una cierta modificación de la casuística que atendemos, sin embargo, no nos resultaría muy difícil, creo, a quienes tenemos acceso a las historias de vida de estos menores, marcar una reducida tipología de itinerarios en los que se podrían identificar puntos críticos para la disposición de redes inclusión... o para destejer redes de exclusión.
El punto de partida de estos itinerarios no es muchas veces opaco en la medida en que se desarrolla en el ámbito privado y restringido del medio familiar. Bajo la influencia principal de ese medio transcurren años cruciales para la formación de la personalidad y, dentro de ella, de la socialidad. Matrices básicas del propio Yo, del Otro y de la Ley se establecen en esos años a partir de la relación con las personas más próximas. Las condiciones desfavorables o negativas en esta etapa son, además, especialmente determinantes cuanto más exclusivas sean. (La exclusividad aparece así, lo recuerda Th. Millon, como un factor de especial relevancia en estas etapas en la medida que condiciona la posibilidad de adaptación a otros medios en la medida en que comporta sobreadaptación a la realidad más próxima, más problemática cuanto más difícil sea la realidad primera y cuanto más dificulte la posibilidad de adaptación a otras realidades)
Las redes de protección de los menores en sus primeros años, deberán estar, como es bien sabido, orientadas a la detección y compensación precoces de factores de riesgo y condiciones desfavorables mediante el apoyo y complemento a los cuidados familiares o su sustitución cuando fuera preciso. Su objetivo será, en todo caso, abrir la exclusividad de las experiencias primeras proporcionando alternativas complementarias y correctoras
Pero el riesgo para los menores socializados en unas condiciones restrictivas no se agota en la exclusividad de su propia experiencia sino que se multiplica con la exclusividad que muchas veces les impone, como una barrera infranqueable, una “normalidad” (que implica normatividad) que, cuanto menor sea su capacidad de comprender e integrar las diferencias, mas excluyente será.
Entre las “exclusividades” de las socializaciones marginales y la de normalidad se establecen circularidades negativas que actúan como verdaderos motores de los procesos de desencuentro, en un lado y en otro, y en los que las minorías tienen siempre las de perder. Las redes que aíslan tienen que ver con esta exclusividad que la normalidad mayoritaria establece para su realidad y respecto a la que los grupos minoritarios no pueden sino radicalizarse en la suya. La comprensión de las “particularidades” de las socializaciones diferenciales y el cuestionamiento de la exclusividad de la “normalidad” son condiciones necesarias, pienso, para el establecimiento de puentes entre ambas realidades.
Los/las menores que han iniciado su socialización en realidades particulares están adheridos a ellas por más que puedan ser sus principales víctimas. Lo Otro, lo periférico a la centralidad de su experiencia primera, es aprendido como extraño, cuando no hostil. De ahí la cautela y delicadeza que debe presidir las intervenciones que se realicen en estas primeras etapas, ya que cualquier acción que inaugure o refuerce una matriz de desconfianza hacia lo “Otro Tercero” reforzará la adhesión del niño o de la niña a su realidad primera e inaugurará, o confirmará, peligrosos mecanismos de autoperpetuación.
Estos mecanismos, característicos del itinerario fatal de un buen número de menores infractores, se producen, según ya se ha comentado, mediante dinámicas de circularidad negativa en la que expectativas negativas respecto a la intención del Otro se traducen en actitudes de desconfianza que pueden llegar al ataque y la provocación, que provocan las respuestas esperadas, que confirman y refuerzan la expectativa inicial…
La ruptura de esta cadena, principal objetivo de las intervenciones, será más difícil cuantas más veces se haya completado este proceso circular. Ante la conducta del menor “desafiante” deberemos considerar las constricciones que afectan a su conducta y responder de una forma alternativa a la implicada en la misma, lo que en psicoterapia se conoce como: provisión de experiencias correctoras.
Quienes intervienen con las familias y con los menores problemáticos conocen bien lo que estoy describiendo y saben de lo difícil que puede resultar en un momento determinado salirse del “lugar” en el que la conducta del o de la menor (o su familia) te sitúa, de ahí la necesidad de contar en estos sectores con profesionales o voluntarios con una solidez personal y técnica y con una estabilidad y apoyo en sus condiciones de trabajo que les permita mantener la serenidad necesaria.
En los casi treinta años que llevo trabajando en Clínica o en Intervención Social he podido comprobar como los puentes establecidos por estas intervenciones correctoras, aunque hayan sido breves y/o discontinuas, facilitan el establecimiento de una relación terapéutica futura por la disposición de un “canal” abierto por relaciones anteriores y a través del que es posible contactar.
Todo lo antedicho hace evidente la importancia crucial del medio escolar para la corrección o la confirmación de los itinerarios a los que nos estamos refiriendo, en cuanto que supone el primer contacto regular, prácticamente universal y público con un ambiente social más amplio que de algún modo ejemplifica, representa y anticipa la “normalidad” de la mayoría.
Para niños y niñas que parten de la exclusividad de sus primeras experiencias en un ámbito privado, restringido, y más para los y las que proceden de circunstancias problemáticas, la Escuela es la primera oportunidad de una experiencia alternativa de relación con otra realidad, por lo tanto, una oportunidad crucial para la apertura hacia lo nuevo y hacia el cambio o para el encerramiento en su realidad primera...
Cuando la institución escolar es capaz de identificar las diferentes realidades de alumnos y alumnas y atender esta diversidad, funciona como un centro de enseñanza y/o aprendizaje (como una red de inclusión), cuando los/las confronta con un estereotipo de normalidad lo hace como un centro de examen y exclusión...
Cada mañana cuando comienza la jornada escolar, es obvio pero no está de más recordarlo, los niños y niñas acuden a la Escuela desde realidades muy diferentes entre las que unas condiciones óptimas para el abordaje de las exigencias de la “normalidad ideal” escolar son, probablemente, excepcionales. En algunos casos los/las alumnos/as que presentan dificultades para acomodarse a las exigencias del medio escolar son las principales víctimas de las condiciones que determinan su inadaptación a este medio como un síntoma secundario. En todo caso, tales condiciones son ajenas a la voluntad y la responsabilidad del o de la menor.
¿Cual puede ser la respuesta de un/a menor que de algún modo es estigmatizado en su clase con etiquetas negativas que remiten a carencias de las que es principal víctima y de las que se le hace culpable? No pueden ser sino dos: la desmoralización y el autoaborrecimiento y/o la desconfianza y el resentimiento hacia la institución que tenderá a generalizarse a la “normalidad” y el “orden social” que representa y adelanta...
En la institución escolar encontramos normalmente todo el gradiente de actitudes al respecto: desde la comprensión y la disposición a la ayuda hasta el franco rechazo de los alumnos/as difíciles, pasando por las posiciones “neutras” , probablemente las más frecuentes. No olvidemos que, en algunos casos, es el mismo Centro Escolar, su dirección y su AMPA la que rechaza “a priori” la presencia de estos/as alumnos/as en sus aulas.
En el rastreo de las biografías subjetivas de los y las menores infractores que he podido realizar en el curso de mi actividad profesional, la etapa escolar aparece siempre como una etapa crítica que suele ser abordada por los entrevistados con algún gesto o gruñido que evoca una relación más bien poco amable... Casi todos y todas despotrican de esa etapa y, a la par que subrayan su propia inutilidad, recuerdan con mayor o menor resentimiento las descalificaciones sufridas y, con orgullo, su enfrentamiento con la institución... pero todos y todas, aunque se refieran a ella con especial rencor, son capaces de identificar en la historia de su relación con esa institución, uno, dos... o más profesores/as con los que todo fue distinto y para los que se sintieron “importantes” Uno se pregunta que habría ocurrido si en lugar de ser dos o tres hubiesen sido diez o quince...
El estereotipo negativo aplicado a algunos/as alumnos/as en el medio escolar tiene claramente el carácter de la profecía autocumplida. Th. Millon, en su tratado sobre los trastornos de personalidad, nos recuerda el efecto terrible de los estereotipos negativos aplicados a los menores con dificultades de socialización que “expuestos una y otra vez a las mismas y actitudes de los otros” no se esforzarán en cambiar, cayendo en la impotencia y/o en el resentimiento.
Ocurre también, que en la organización informal de la clase, y este es un fenómeno que me parece merecería más atención que la que se le presta, se establece una estratificación social en la que un grupo que se pretende depositario de la normalidad oficial suele estigmatizar con diferentes etiquetas negativas a los/as compañeros/as no cumplen los criterios para ser admitidos en la misma.
Una serie de estudios longitudinales citados por Coleman han evidenciado la relación existente entre las primeras etapas escolares y el comportamiento adolescente/juvenil, estableciendo líneas de continuidad entre los menores estigmatizados por profesores y compañeros en la escuela y la delincuencia juvenil, resaltando que “Hallazgos de este tipo son asimismo importantes para arrojar luz sobre lo que parece un círculo vicioso en la escolaridad de muchos niños problema. Tienen un rendimiento más bajo y gozan de menos simpatías entre sus compañeros, en sus primeros años. Ellos mismos se acostumbran a esta ausencia de simpatías y a los fracasos, lo cual, a su vez, les produce ansiedad, sentimientos de frustración y peores rendimientos, poniéndose así en marcha el círculo vicioso. Aparte de ello estos alumnos quedan rápidamente “fichados” por los profesores del modo descrito por David Hargraves y cols. (1975) y, así resultan casi siempre empujados a la marginación mediante una mezcla de profecía autocumplida y de rechazo por el personal docente”
¿Como llega el niño o la niña que según el mismo autor “solían tener una imagen de sí mismos predominantemente negativa, autoconsiderarse como inútiles e insignificantes en comparación con sus compañeros de la misma edad y profesarse escaso aprecio y respeto” a convertirse en un adolescente infractor? Lo hace generalmente a través de un proceso que nosotros los adultos: padres, educadores, psicólogos... catalogamos como perjudicial y que para el menor suele significar todo lo contrario. Me refiero al encuentro, la solidaridad y la autoafirmación recíproca que se produce en el grupo de iguales con características similares –verdadero grupo de autoayuda- que permite pasar al menor de la condición de “pringao” a la de “chungo”.
Son decenas de menores los que me han relatado esta transición como un fenómeno verdaderamente “liberador” para ellos, que les permite por primera vez en su vida sentirse aceptados, acogidos y reconocidos. Se podría decir que su primera experiencia social positiva tiene lugar en el marco de un grupo que encuentra su cohesión en la oposición y defensa respecto a un orden social en el que no han tenido cabida... es “al calor” de este grupo donde el menor iniciará su carrera de enfrentamientos y de infracciones... y a través el que conseguirá, por fin, aunque sea en escenas fugaces, un sentimiento de autosatisfacción y poder a través del temor (respeto lo llaman ellos) que suscitan.
¿Qué alternativa podemos ofrecerles, cuando ya, en este punto de su socialización intervenimos con ellos, respecto a lo que les ofrecen sus “colegas”?. ¿Con que autoridad moral descalificamos a éstos como “malas compañías”?
Cuando intervenimos con estos menores y nos situamos como el contrapunto de las influencias que proceden de su grupo de iguales partimos de una situación francamente desfavorable. Nos aproximamos a ellos/as como representantes de un mundo en el que raramente han encontrado lo que han encontrado en sus colegas: atención en sus momentos de desesperación y zozobra... y nos acercamos, una vez más a ellos, con exigencias....
Aunque parezca una “boutade” creo que tenemos mucho que aprender de la “pandilla chunga” si queremos “conectar” con los menores “antisocializados”. Valores como la comprensión, la empatía, la disponibilidad, la lealtad, la incondicionalidad –hasta donde sea posible- y la accesibilidad, deberían estar siempre presentes en los recursos dispuestos para su atención y “resocializacion”. En algunas ocasiones he fantaseado con la posibilidad de un Centro abierto permanentemente, que cumpliese tales condiciones, para la acogida de estos menores en sus momentos críticos, cuando una intervención de ayuda puede alcanzar su máxima eficacia y donde se pueden comenzar a restaurar los puentes que unen la realidad del menor atendido con una normalidad capaz de comprenderle y ayudarle.

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